jueves, 27 de diciembre de 2007

Nuclear Boys

Cada vez que los tres integrantes de la banda interpretan I believe in miracles, Havana Affair o Sheena is a punk rocker, más de un acorde sale mal y la arritmia del pie izquierdo del baterista se hace evidente.
Cada vez que un acorde sale mal, Johnny, Joey y Dee-Dee se revuelcan en sus tumbas.
Cada vez que un Ramone se revuelca en su tumba, más fuerte le da Tavo al bombo y al Cimbalo, más alto canta Sergio y más concentrado rasguea Lalo.
Es entonces cuando más desesperados se retuercen y patean los Ramones. Se revuelcan de pura felicidad y con ganas de volver a la vida.
Un señor canoso dentro de la casa, quiere todo lo contrario. Morirse o matar a todos. Es apenas 27 de Diciembre pero siente como si hubiesen pasado doscientos días desde la última navidad, en la que su hijo le regaló a su nieto una batería negra, grande y bulliciosa. El silencio se acabó.
Ahora, todos los primos aficionados a la música (o sea todos, de una u otra extraña forma) llegan a la casa del abuelo a tocar. A cantar lo que alguna vez crearon The Ramones, Green Day, The White Stripes, Metallica y otros, imitándolos en un idioma bastante extraño y desconocido que debiera ser inglés pero no es.
Tavo, por supuesto, golpea su regalo navideño, abollando los platillos y sacando astillas de las baquetas. Lalo intercala sus guitarreos con la misión de hacer nada y dirigir. Sergio canta y toca la guitarra al mismo tiempo que va inventando la letra de las canciones que no se sabe bien.
Camila toma fotos y a veces le quita el puesto a Tavo para pelear con los tarros, pero su principal labor es la de aplaudir y dar apoyo moral, además de decir que es la manager, aunque no les tiene fe.
Y yo, bueno yo soy la simple roadie, aunque esa labor no tiene nada de simple. No es muy fácil desarmar una batería y cargarla del patio al dormitorio todos los días. Pero también doy apoyo moral, coreo algunas cosas, grabo el audio de sus canciones (no video, son feos) y a veces les llevo juguito para que no se deshidraten.
El grupo nació en diciembre pero se separará en marzo, porque Lalo (nada que ver con Lola ni con hombres en cuerpos de mujeres) se va. A Valparaíso, posiblemente, o a cualquier otro lado. Pero el dúo restante puede que siga vivo. Ya tienen su logo oficial y un respetable (¿?) nombre en inglés: Nuclear Boys.



Niñitos nucleares, atómicos. Sólo las cucarachas sobrevivirán.

domingo, 23 de diciembre de 2007

S.C.U.M.


Mientras pisaba las veredas yendo con las manos dentro de los bolsillos de su abrigo gris, pensaba en como hacer picadillo a los hombres, destruir el sistema machista impuesto, y crear la revolución de las mujeres que podríamos dominar el mundo.

Sola creó la Society to Cuting Up Men. Muchos creyeron (y creen) que estaba loca, que era demasiado radical, y que así, finalmente, no se saca nada.

Yo la encuentro bastante lúcida, aunque algo exagerada. Todas las feministas actuales que quieren igualdad quedan chicas, no saben nada.

Para qué ser igual a los hombres si somos mejores y podemos acabar con ellos, eso dice Valérie Solanas, la tipa del abrigo gris.

No sé, no sé. Hay que darle una vuelta al tema.

Saca tus propias conclusiones leyendo el manifiesto de la S.C.U.M.

Después el mundo no se ve tan igual.

¿o sí?
Ah, y por cierto, esta mujer le disparó a Andy Warhol.





miércoles, 12 de diciembre de 2007

Din Don Bell

El ser humano es capaz de llegar a un punto en el que está tan aburrido, tiene tan pocas cosas que hacer, y su futuro es algo que lo tiene tan sin cuidado, que comienza a creer que analizar la intermitencia de las luces del árbol de navidad es algo muy interesante.
Al llegar a este punto alguien debiera preocuparse, pero el ser humano caído en este estado sólo parpadea y piensa cosas inútiles. No le da como para preocuparse o hacer algo al respecto.
Entonces: están las luces como pequeñas ampolletitas y las luces en forma de cosas más extravagantes. Antes no las hacían así, ahora hay en forma de corazones, de frutillas, de duraznos, de todas las frutas imaginables, de viejitos pascueros, de campanitas, de mujeres desnudas (no, eso lo inventé) en fin, de todo.
Nosotros sólo tenemos en forma de estrellitas y de las tradicionales con forma de nada. Menos mal que ninguna de ellas suena. No son musicales, ya nos tenían a todos aburridos esas guirnaldas sonoras chillonas.
Qué bueno que se echaron a perder, porque parece que la única forma de convencer a mis papás de que, definitivamente, hay que comprar cosas nuevas es que las anteriores ya no se puedan ocupar o parchar.
Así, nuestro recién instalado arbolito (de plástico muy convincente) está cubierto de rojos, amarillos, verdes y azules, que contribuyen a aumentar la ya insoportable temperatura. Pero eso no importa, porque al menos me mantienen concentrada en algo. Porque pasa algo increíble con ellas…
Las dos guirnaldas de luces (la de estrellas y las en forma de nada) no fueron conectadas al mismo tiempo, están en enchufes diferentes y son completamente independientes. Sin embargo, y no sé cómo sucedió esto, ambas ahora parpadean al unísono. Y no sólo es que prendan y apaguen, sino que tienen toda una secuencia de movimientos, donde a veces sólo encienden las rojas, luego sólo las azules, después comienzan a iluminar muy suave y luego se vuelven locas. Y todo eso lo hacen juntas. Sin tener ni un cable en común llevan el mismo juego al mismo tiempo ¿Cómo pasa eso?
Al ser humano al que esto le empieza a parecer muy trascendente está en problemas, pero no lo sabe. Entonces, la persona mira el árbol y sus luces, ya ni parpadea ¿Cómo pasa eso? Y el cerebro lanza hipótesis extrañas: “quizá es como cuando dicen que si dos amigas son muy amigas y pasan mucho tiempo juntas, empiezan a tener su período menstrual al mismo tiempo, por una razón hormonal que no comprendo”; “quizá es que la electricidad provoque un efecto de espejo y que las luces deban imitarse por motivos electromagnéticos”: “o puede que en realidad no sean dos guirnaldas y estamos todos confundidos”: “o quizá es un milagro de esos de navidad que ocurren en las películas”; “o posiblemente sólo sea Dios que está igual de aburrido que yo y vino a jugar con mi árbol”.
Aquí hay que tener cuidado. Cuando las hipótesis alcanzan niveles sobrenaturales, cuando comenzamos a meter a Dios en ellas, es porque ya no se nos ocurre en qué más pensar y este sí es un punto crítico.
Si al ser humano que atraviesa por este estado ya le duele la cabeza de tanto pensar en las luces intermitentes de los árboles de navidad, pero aún así siente que es relevante seguir gastando sinápsis en ellas, entonces se puede decir que se ha llegado a un problema clínico mayor.
No siempre se requerirá de medicamentos para su cura, pero si de una larga conversación con profesionales y, en ciertos casos, de un par de golpes.
Ahora, si el ser humano en cuestión no busca ayuda médica y en su lugar decide escribir lo que le sucede en algún sitio virtual, por ejemplo un blog (si lo hace en tercera persona es peor), la ayuda externa de familiares y amigos será más que necesaria y alguien debiera amarrarlo, sedarlo y llamar a un servicio de urgencia, para que lo internen hasta al menos pasado el 25 de diciembre.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Nunca Seremos Estrellas de Rock... ¿o sí?

“Tuve un sueño hace un par de semanas. Si digo que fue jodido parece como si sólo hubiera sido una pesadilla, y en realidad fue demoledor. Esa clase de cosas que te pegan fuerte.
Caminaba por un cementerio, pero no me sentía melancólico o asustado. Era un lugar hermoso, agradable, lleno de paz. Entonces me puse a mirar todas las tumbas, todas. Ahí estaban Cobain, Morrison, Lennon, Hendrix y los demás. Tumbas llenas de vida, ¿captáis el contrasentido?
En ese momento sólo yo estaba allí. Por el suelo casi podían verse todas las lágrimas derramadas a través del tiempo. Las lágrimas de la legión de los desesperados y desheredados que aún gritaban y se lamentaban. “Kurt, maldito cabrón, te necesitábamos”, “¿por qué te fuiste, Jimi?”,”Te quiero, John, espérame”.
Y no sólo estaban las tumbas de los que se fueron sino de los que un día lo harían, Clapton, Reed, Jagger, Bowie, McCartney…
Todos los hermanos, los colegas, los que valían algo y representaban algo descanzaban allí por los siglos de los siglos juntos.
Todos menos yo.
Ahí estaba la cosa, que no encontré mi tumba.
Así fue como supe que no iba a conseguirlo, que siempre sería una mierda.”


Jordi Sierra i Fabra
Nunca seremos estrellas del rock



Hoy me di cuenta de que somos un punto imperceptible en el universo. En la Rolling Stone de este mes, se publicó la carta de un tal Matías Cortés de Viña del Mar, en la que hablaba de su necesidad de ser músico, porque es para lo único que creía servir en la vida. Su problema era que temía jamás llegar a serlo, a pesar de componer e interpretar sus propias creaciones, porque no sabía donde podría darse a conocer y ser escuchado. No tenía idea de cómo hacer que su música cumpliera el fin que debe tener todo lo que cabe dentro de lo clasificado como arte: el contacto con los otros, la provocación en el otro de ciertos efectos trascendentales.
El pobre Matías es uno de los miles de millones a los que les pasa lo mismo. No todos quieren ser músicos, algunos quieren escribir, otros pintar, o filmar. Pero todos pertenecen (pertenecemos) a la misma especie.
Pocos lo logran, eso es lo malo. Pocos dejan de ser ese punto imperceptible para dejarse ver distinguiéndose de la masa. La mayoría somos los que no hemos cruzado la línea aún. Esa línea que divide lo que somos de lo que queremos llegar a ser. Esa línea que diferencia a mi hermano de Johnny Ramone, a mi papá de John Fogerty, o al Lalo de Paul Stanley (además de la pintura en la cara y esas cosas)(ah, van sólo ejemplos de familia para no ofender sueños ajenos tan patudamente).
El salto de esa línea, sin embargo, también lo logré identificar hoy, avanzando en las páginas de la misma revista: la acción. Moverse. Hacer lo que se tiene que hacer. Tenerse fe, dejar de creer que lo que para otros puede ser profesión y forma de vida, para uno sólo puede llegar a ser hobby. Atreverse a perder lo que se tiene por lograr lo que se quiere.
Pero no es fácil, sólo algunos son capaces y son tan valientes, o están tan locos. El resto, por ahora, seguimos siendo puntos imperceptibles, seguimos a este lado de la línea.

Por ahora.